Entre diosas y la totalidad de los mandalas.


La “Mística” de Fabiola Zamorano:


Con una voz calma y cristalina, ella se define como una “artista desde siempre”: baila tango y comparte junto a su hija de 16 años el gusto por la música. Rodeada de una espiritualidad de esas de verdad, Fabiola Andrea Zamorano conjuga la vida entre los números de la oficina, maestría de Reiki y talleres prácticos concebidos para equilibrar y sanar el alma.

Hace tres décadas que comenzó a integrarse con rapidez la cultura oriental a los chilenos. La práctica de yoga y la meditación hacían ingreso junto a los inciensos y cánticos Hare Krishna en Antofagasta. Fueron los primeros síntomas de que nos abríamos a un nuevo mundo, paralelo a las religiones y costumbres tradicionales heredadas –en su gran mayoría- de nuestros conquistadores españoles.

En el caso de Fabiola, la mística la acompañó desde su niñez pero se manifestó hace diez años. “A veces uno debe tocar fondo, todos comenzamos así, cuando te ves y dices: ¿qué hago?. Ahí comienzas a buscar y vas conociendo a gente que está en tu misma onda. Y vas sacando de tu vida a quienes no comparten ese caminó”, recordó.

Una cosa la llevó a la otra y, llegaron a ella los mandalas, que de un tiempo a esta parte destacan entre los gustos y preferencias de los nortinos, tanto para confeccionarlos como para decorar casas y negocios. Sin embargo, estos círculos van más allá de lo meramente ornamental porque son presentaciones simbólicas espirituales y rituales, atribuyéndoseles beneficios como el fortalecimiento de la creatividad y la relajación de quienes los confeccionan.

Nos comenta que “algunos los toman como manualidades. Pueden ser pintados, tejidos a crochet, hechos en mosaicos, en diferentes técnicas que ayudan a la concentración. Favorece la meditación conectándote a la tierra. Sin darte cuenta, tú vas trabajando, vas conectando y empiezas a ser más creativa, a prestar más atención a las cosas que te pasan día a día”, comentó.

Mandala significa “círculo” en sanscrito, estando presente desde tiempos inmemoriales en los gustos estéticos e imaginarios de la humanidad. Su intención espiritual se puede observar en los mandorlas italianas medievales, donde se insertaban los personajes cristianos sagrados, como también en los rosetones de sus vitrales; en los laberintos del pavimento de las iglesias góticas y tumbas egipcias y, acercándonos a la cultura prehispánica: en las chacanas o cruces andinas y diagramas.

El poder terapéutico es otro de las bondades que se les asignan: “a los niños hiperactivos les aconsejan que pinten mandalas. Y a los pacientes con tratamientos siquiátricos también, los hacen pintar para ver cómo están y cuando les van a dar el alta, repiten la experiencia. Tú plasmas todos tus sentimientos en la creación”, detalló.

Aprehender, equilibrar y entregar.


“Hace un año vino mi maestra de Reiki y me ayudó con el arte de los mandalas. Pero el Yo Interior para enseñar el resto, sale cuando una amiga me pidió que yo le enseñara y así partí con los talleres”, recordó. Las clases son sumamente personalizadas con grupos de cinco personas, se extienden por toda una tarde y terminan con la interpretación del “círculo mágico” que traduce cómo se está en el momento que lo creas.

La enseñanza la hace en “Mística”, nombre que le puso a su hogar –aclara, hogar no casa-, conjugándolos con el “Taller Fusión de Diosas”. Según explica, el espacio físico donde se desenvuelve fusiona muchas elementos; tiene esencia, es un ser con toques especiales y mantras en sus paredes.

El aprendizaje que adquirió, claramente está en desarrollo. “Todavía no termino de darme cuenta y me voy sorprendiendo. De hecho, yo antes era otra persona, pero me decían que siempre estuvo la mística. Ha sido una evolución de diez años, fui por mucho tiempo conectora, ahora ya puedo entregar mi conocimiento al resto”, resumió.

Parte de este crecimiento, le ha permitido impartir el “Taller Fusión Diosas”, que tiene que ver con encontrar a la diosa que cada mujer lleva adentro. Se trabaja con algo parecido al “círculo de mujeres”, incluye meditación, trabaja con el oráculo, para llegar a conectarse con una diosa, que también se mezcla con guerreros: “porque no sirve ser una mujer frágil, tiene que también ser fuerte para enfrentar lo que la vida le trae. Te empoderas de una visión más equilibrada sin dejar de lado tu parte femenina. Todo fluye, nadie juzga ni aconseja…, cada historia se entrelaza con la de la otra”, concluyó.


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