Dra. Verónica Vidal: “La mejor incubadora es el vientre materno”


Llegar a un embarazo de término, a las cuarenta semanas de gestación, es el ideal para el hijo que viene en camino, pero por diversos factores de salud de la madre tales como la hipertensión arterial, infecciones urinarias, anemia, placenta previa y mala alimentación, entre otros, puede producirse un parto prematuro que bajo todos los aspectos hay que prevenirlo y evitarlo, dadas las posibles secuelas y complicaciones que el recién nacido y su calidad de vida puedan tener.

“He atendido miles de niños y no hay nada más gratificante que ir caminando por la calle o en el ascensor y que te digan: “doctora: ¿se acuerda de él? –un niño de veintitantos años-, pesó un kilo y usted ayudó a sacarlo adelante…” ahora él es ingeniero…”, recuerda con una gran sonrisa la pediatra Verónica Vidal Llagostera que ha ejercido su profesión y especialidad en Neonatología desde 1981 en Antofagasta.

Comenta que la prematuría es una excepción en el embarazo, recalcando que “tener un buen control con el obstetra es fundamental. Hay muchas patologías que se pueden prevenir si las mamás cumplen con las indicaciones: alimentación saludable, un buen entorno familiar que te acoja y contenga. Sobre todo, evitar riesgos innecesarios y no ser una súper mujer, hay que pedir ayuda porque un embarazo cansa y las mamás tratan de hacer todo hasta el final y a veces, trae sus consecuencias. Hay que quererse, decir: “voy a tener un hijo, que tengo que contener y apoyar” porque que no hay mejor incubadora que el vientre materno, lo demás son cosas anexas para tratar de ayudar”.

Sin embargo, los partos prematuros o de pre-término son una realidad, que en Antofagasta es crítica debido a la falta de establecimientos de salud equipados para recibirlos. Explica que estando frente a esta situación: “lo primero es preocuparse que el niño respire y que tenga latidos. Si está latiendo, estamos bien. Nacen pálidos o morados, más del 80% de las veces, los niños salen deprimidos, no son niños vigorosos que lloren, entonces hay que reanimarlos o ayudarlos con oxígeno según sea su necesidad”.

Las probabilidades que un prematuro sobreviva en buenas condiciones han aumentado, pero la posibilidad que pese a los esfuerzos queden muy dañados está latente. “La calidad de vida es muy importante. Puedes sacarlo adelante con mucho esfuerzo, pero también que quede muy dañado: ciego, sordo, que tenga hemorragias, displasia pulmonar y que necesite permanentemente oxígeno para toda la vida. La idea es obtener un prematuro vivo y además, sano. La gracia es adelantarse a lo que puede suceder”, previno la profesional.

Tareas para la casa.

Los cuidados de la mamá con el prematuro no comienzan en la casa. Cuando el niño sale de la incubadora con un peso aproximado a los 1.800 kg. y ya es capaz de regular su temperatura, lo primero que se les enseña es a no tener miedo a la fragilidad del bebé, haciendo hincapié en que deben ser cuidadosas en su trato: que no lo golpee, que no sea brusca y que le tenga paciencia porque es un niño que está recién aprendiendo fuera del útero.

“Hasta el momento se ha alimentado con sonda, porque en la incubadora es muy difícil alimentarlo con mamadera, que cuando se da, se les debe dar sentados, no acostados.

Pero cuando salen de la incubadora a cuna, ahí hay que enseñarles a mamar del pecho, a limpiarlos, a mudarlos, téngale paciencia. No saben mamar. Hay que enseñarle todo. La mamá cuando se va de acá ya sabe todo, sabe mudarlo, alimentarlo. Se va con todo listo”, detalló la neonatóloga refiriéndose a la capacitación que se les entrega a las madres de prematuros.

El seguimiento de los niños cuando se les da el alta debe ser riguroso hasta los dos años, primero el control es cada una semana o diez días, realizándoles exámenes específicos a sus ojos, los oídos, anemia, reflujo y hernias. Algunos tienden a hacer mucha bronquitis obstructiva, dependiendo de cuán pequeño fue y cuánto tiempo estuvo en la incubadora.

A partir de los 2 años los controles son más alejados, pasando a otra etapa de observación, relacionada con lo intelectual, emocional y educacional. “Algunos tienen retraso de lenguaje, cuesta que se conecten con la vida, ya que muchas veces son hipoacúsicos, escuchan, pero escuchan menos. Entonces hay que preocuparse de la parte cognitiva, intelectual, de cómo se desempeñan en la escolaridad, cómo se conectan con el resto de sus amigos, porque a veces no rinden igual en el colegio”, sugirió explicando que son niños muy inteligentes pero con tendencia a la hiperactividad.


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